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04/12/2007ÚLTIMO POST![]() “Cuando regrese, lo haré con las ropas de otro, con el nombre de otro hombre. Nadie me esperará. Si me dijeras que no soy yo, te daría pruebas y me creerías. Te hablaría del limonero de tu jardín, de la ventana por donde entra la luz de la luna y de las señales en mi cuerpo, de las señales de amor. Y cuando entre abrazos subamos temblorosos a la habitación, entre susurros de amor, te contaré mi viaje, durante toda la noche. Y durante todas las demás noches, entre abrazos y susurros de amantes, te contaré toda la aventura humana, la historia que nunca termina.”
Recreación de Tonino Guerra y Theo Angelopoulos de la Rapsodia XXIII (Reconocimiento de Odiseo por Penélope) de la Odisea de Homero inserta en La Mirada De Ulises
11/11/2007METIDO EN UN JARDÍN![]() A veces uno se levanta con una frase rondándole y al tratar de determinar cuál sea su origen, dónde la oyó, en qué contexto ubicarla, cómo se produjo tal encuentro, el camino que lleva a esas respuestas está plagado de meandros, bifurcaciones y jardines en los que perderse un rato, sólo o acompañado, por el gusto de encontrarse o no. El verso rondante en cuestión era el siguiente: “La gloria en zapatillas”. Su aire desgarbardo y socarrón apuntaba hacia argenteas latitudes y hacia allí dispuso mis pasos, cuando logré darme cuenta estaba inmerso en un antiguo e historiado jardín abandonado,dónde la voz quebrada, aguardentosa y valiente de Antonio Bartrina escupía el siguiente tango: JAMÁS LO VAS A SABER Letra: Abel Aznar. No me vas a ver tirado ni me vas a ver vencido. No me vas a ver rodando como vos te imaginás, ni metido en los boliches pa' olvidarme de tu olvido... si has pensado en todo eso, no lo vas a ver jamás. Cuando tenga que nombrarte voy a hacerlo sin testigos por si acaso en una de esas se me escapa un lagrimón, y si tomo alguna copa no va a ser con los amigos... Uno nunca está seguro si le falla el corazón. No voy a andar dando pena, desesperado y vencido; después de haberte perdido jamás sabrás si tu olvido dejó ternura o rencor. Si todos dicen que miento, porque abrazado al ayer te quiero mucho, y te siento... si mi vida es un tormento... ¡Jamás lo vas a saber! No te voy a dar el gusto que te digan algún día, que me vieron solo y triste, que me muero por tu amor; que te extraño como nunca, que te quiero todavía... no te voy a dar el gusto que te cuenten mi dolor. Yo sabré morder mis penas y callar mis pensamientos, no te va a decir ninguno que en sincera confesión le lloré mis amarguras, ni le dije lo que siento... lo que siento, lo sabemos solo yo y mi corazón . 11/11/2007 13:31 Autor: samuel izquierdo. Enlace permanente. Tema: apuntes sueltos. Hay 1 comentario. 16/10/2007ROMPIENDO EL SILENCIO![]() Lo que debemos hacer (pequeño homenaje apresurado al Prof. Carlos Portillo)Instrúyanse, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia. ANTONIO GRAMSCI Tomado de Zifra( JoséRa Portllo)http://zifra.blogalia.com/ 16/10/2007 04:40 Autor: samuel izquierdo. Enlace permanente. Tema: apuntes sueltos. Hay 1 comentario. 16/09/2007RAZONES PARA NO ACTUALIZAR ESTA BLOG -RAZÓN SEGUNDA-![]() Se llama Emma y nos nació también el 28 de junio. No creo que hagan falta más palabras. RAZONES PARA NO ACTUALIZAR ESTA BLOG -RAZÓN PRIMERA-![]() Se llama Ángela y nos nació el 28 de junio 24/05/2007Breve Historia De Una Canción![]() La primera canción que literalmente encandiló a Alberto, nuestro hijo, fue “Que Tinguem Sort” de Lluís Llach. Podía pasarse horas escuchándola una y otra vez, con una sonrisa lánguida explotando en su carita. Nunca he sabido bien qué le atraía tanto de ella, si era por la suave pero aguda tonalidad de la introducción melódica con que se inicia, el modo en que Llach susurra las palabras más que cantarlas, o la cadencia ligera pero bien trabada sobre la que está compuesta. El caso es que lo calmaba y sigue consiguiéndolo cada vez que se la pongo. Mi primera intención al descubrírsela por vez primera era que aquellas palabras nos acompañaran durante el resto de nuestras vidas, como si de un pacto entre él y yo se tratara, en el cual, por motivos obvios, las condiciones las establecía yo- ya habría tiempo de discutir más adelante sobre si la elección fue la más adecuada o no-. Sigo aferrado a cada una de las palabras de aquella canción, por eso quiero compartirlas desde este espacio: Si em dius adéu,vull que el dia sigui net i clar, que cap ocell trenqui l'harmonia del seu cant. Que tinguis sort i que trobis el que t'ha mancat en mi. Si em dius "et vull", que el sol faci el dia molt més llarg, i així, robar temps al temps d'un rellotge aturat. Que tinguem sort, que trobem tot el que ens va mancar ahir. I així pren tot el fruit que et pugui donar el camí que, a poc a poc, escrius per a demà. Què demà mancarà el fruit de cada pas; per això, malgrat la boira, cal caminar. Si véns amb mi, no demanis un camí planer, ni estels d'argent, ni un demà ple de promeses, sols un poc de sort, i que la vida ens doni un camí ben llarg. Si me dices adiós quiero que el día sea limpio y claro, que ningún pájaro rompa la armonía de su canto. Que tengas suerte y que encuentres lo que te ha faltado en mí. Si me dices te quiero que el sol haga el día mucho más largo, y así robar tiempo al tiempo de un reloj parado. Que tengamos suerte, que encontremos todo lo que nos faltó ayer. Que mañana faltará el fruto de cada paso para ganar lo que todos hemos esperado estos años. Cada paso nos acerca más al mañana y por esto a pesar de la niebla, hay que andar. Si vienes conmigo no pidas un camino llano ni estrellas de plata ni una mañana llena de promesas, solamente un poco de suerte y que la vida nos dé un camino bien largo. 30/04/2007...Y POR ESO PALABRAS, TAN SÓLO PALABRAS![]() 30/04/2007 01:18 Autor: samuel izquierdo. Enlace permanente. Tema: apuntes sueltos. Hay 2 comentarios. 20/04/2007Presentación del volumen primero de la colección: Obras de Los Reformadores Españoles del Siglo XVI, dedicado a Antonio Del Corro![]() Cuando uno trata de acercarse, siquiera someramente, a la biografía de un autor como Antonio Del Corro, descubre enseguida, sin demasiado esfuerzo, y a pesar de la cada vez más abundante y documentada bibliografía sobre él, la complejidad multiforme de quien en nuestro suelo fue alcanzado y abrazó la Palabra sin reservas; y como ni la época, por más convulsa y peligrosa que resultara-¿acaso no son todas las épocas peligrosas y convulsas?-, ni las circunstancias intrincadas y desasosegantes - ¿acaso se nos muestran hoy de otra manera?-; ni las adversidades ni las elecciones trascendentales, porque de ellas dependen la vida y la muerte, y no sólo de quien realiza la acción, a quien podría imputársele el común dicho: “ quien por su gusto muere hasta la muerte le sabe”; sino la de aquellos que le son próximos, sellando con el gesto, la palabra o la ausencia de retractación el destino de quienes le acompañan en el tránsito mundano; pueden apartar de ella, ya que sabe que “el buen consejo no estriba en multitud de cabezas adornadas con vestidos rojos o violetas, sino en el temor del Señor”-resuenan aquí los ecos de Pro. 1:7: “El principio de la sabiduría es el temor de Yahvé: los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”. Esa complejidad y su contexto histórico a veces nos tienta a forjar una figura de dimensiones épicas, que sin duda, corresponde en gran medida al autor que nos ocupa; pero ¿no será esta construcción un modo de huir, etiquetándolo, motejándolo y al fin, desactivando las palabras que propio Antonio Del Corro vertiera? ¿A qué suenan en nuestros oídos palabras como: paladín de los justos, irenista irredento, valedor de la concordia y adalid de la tolerancia religiosa? Pues bien, no seré yo quien niegue la historicidad de semejantes afirmaciones, no obstante creo necesario rescatar de entre ellas por ver que los árboles no oculten el bosque, algunas de las palabras del propio Corro –recogidas en el presente volumen- para mostrar otra cara del mismo: la de un calvinista de cuerpo entero, más allá incluso de lo que de circunstancial y partidista pudiese desprenderse de semejante adjetivo esto es: un cristiano bíblico, abrazado a la Palabra hasta sus últimas consecuencias, un antinicodemita – esta calificación peyorativa fue ideada por Calvino para hacer referencia a los hipócritas que por el temor al martirio o incapaces de huir del cautiverio a que son forzados por sus circunstancias, se ve impelidos a no confesar ante los demás la fe reformada que profesan-, que pone en evidencia la miserable situación en la que estos viven: “(…)pues, es muy razonable que si queremos servir a Dios e invocarle tal como él nos enseña, es decir, en espíritu y en verdad, dejemos también a los demás vivir en su miserable esclavitud e ignorancia, llena de ceremonias y constituciones más que judaicas, puesto que en buena conciencia no tienen la libertad de poder abandonarlas”. Antonio Del Corro nació en Sevilla en 1527, en el seno de una familia piadosa y acomodada. Su padre, al parecer, fue doctor en Leyes y un tío paterno, con el que comparte nombre, fue uno de los inquisidores que condujo el proceso de Juan Gil, más conocido como el doctor Egido. Este dato tan nudo, es el responsable de una curiosa circunstancia: en 1552, la Inquisición había confiscado en Sevilla alrededor de 450 Biblias impresas fuera del suelo español; ese mismo año, el Doctor Egido, quien ejercía como predicador en la Catedral y que a la sazón había sido nombrado por Carlos V en 1549 Obispo de Tortosa, fue acusado de herejía y obligado a retractarse de al menos diez proposiciones consideradas como heréticas. Al parecer, este tío suyo recogido en la Carta a Felipe II como el inquisidor que descubre las faltas de sus compañeros, es quien pone en contacto a Del Corro con las obras de Egido: la instrucción del proceso, sus sermones y comentarios- el propio Del Corro considerará que se trata de una “providencia admirable de Dios, que fuesen los instrumentos- se refiere a los inquisidores- para procurarme los libros que me eran necesarios para enseñarme”. Otro miembro del Tribunal disciplinario, un tal Domingo de Soto, comentó: A la verdad fuera de esta maculada, era muy buen hombre y la elección como Obispo estaba muy bien hecha”. En esta misma ciudad, debió cursar sus estudios universitarios, antes de profesar como jerónimo en el Monasterio de San Isidoro del Campo (Santiponce-Sevilla). En 1557, abandona la Iglesia Romana y junto a diez frailes más, entre los que se cuentan los futuros traductores de la Biblia: Casiodoro de Reina, Cipriano de Valera, y Juan Pérez de Pineda, huye del Monasterio. Ese mismo año es descubierto el grupo sevillano de protestantes cuando Juan Ponce de León es detenido junto a otros, acusado de introducir libros heréticos desde Ginebra. Su principal cómplice era Julián Hernández, más conocido como Julianillo, quien había pasado largas temporadas en las Iglesias Reformadas de París, Escocia y Frankfurt. Con respecto a este particular, cabe añadir que la principal preocupación de Fernando de Valdés, Arzobispo e Inquisidor General, era el elevado rango social de muchos de los implicados, de este modo advertía en una misiva a Carlos V: “hay gran sospechas que podrían suceder grandes daños si se usase contra ellos de la benignidad que se ha usado en el Santo Oficio con los convertidos de la ley de Moisés y de la secta de mahoma, que comúnmente han sido gente baja”. Por tanto, la represión debía ser ejemplarizante, so pena de correr el riesgo de fractura o división como la que había sufrido Alemania, máxime cuando estos focos se hallaban localizados en ciudades tan principales como Sevilla y Valladolid. Resulta curiosa, cuando menos la reflexión que hace Del Corro en la Carta a Felipe II en 1567 sobre este asunto: “Yo me hacía la siguiente consideración: Si somos herejes (como ellos dicen) ¿por qué no tienen compasión de nuestras almas, ya que de nuestros cuerpos no quieren tenerla? ¿Por qué nos matan perseverando en nuestro error (como ellos estiman), puesto que eso sería causa de eterna condenación? ¿Por qué no procuran convertirnos y persuadirnos de la verdad?” Un poco más adelante Del Corro se contesta a sí mismo:
“(…) los cristianos hechos por fuerza nunca lo son de buen corazón: “Vuestra Majestad ve bien, por ejemplo, de qué ha servido la fuerza en asuntos de religión hacia los judíos y mahometanos que viven en vuestro reino de España, los cuales, habiendo recibido el sacramento del santo bautismo, y fingiendo abrazar la religión de Jesucristo, están tan obstinados, que aún hasta el día de hoy los inquisidores tienen bastante trabajo entre ellos y la confiscación de sus bienes sirve para mantener a sus perseguidores…” Desde su salida de Sevilla, Antonio Del Corro, recorrerá una buena parte de Europa, conociendo de primera mano, como testigo presencial y algo más, los conflictos religiosos y políticos en los que se hallaba inmersa la Europa del Siglo XVI. Ya que nunca pudo ni quiso mantenerse al margen, como lo atestiguan las Cartas recogidas en el presente volumen: La primera dirigida a los pastores luteranos de la ciudad de Amberes, del 2 de enero de 1567, en la que trató de auspiciar encuentros entre los luteranos y calvinistas para solventar las diferencias que sobre La Santa Cena se habían desarrollado entre éstos y propiciar un frente común entre la comunidad protestante de dicha ciudad; la solución a este conflicto la halló Del Corro en dejar que cada uno hiciese uso “en libertad para seguir lo que Dios le enseñase”; se advierte una vez más la confianza del reformador español en la Providencia divina. Sobre este particular es necesario recordar que a su llegada a Amberes en noviembre de 1566, Del Corro se había negado a firmar la Confesión de Fe compuesta en 1561 por Guy de Brès, conocida entre otros nombres bajo el rótulo de Confesión de Los Países Bajos y que fuera aceptada en el sínodo, por todas las iglesias calvinistas, ese mismo año celebrado en la mencionada ciudad para propiciar la unidad confesional; por incluir un artículo donde se pedía la condena de los anabapstitas- concretamente en su artículo número 18- No hay datos que confirmen que esta actitud influyera de manera negativa en el desarrollo de su tarea pastoral. La segunda, ya mencionada, a Felipe II, del 17 de marzo de 1567; donde Del Corro trata de influir en el monarca para que éste ponga en práctica las virtudes el príncipe cristiano, la justicia y la misericordia, y se convierta en el pacificador de los Países Bajos, recordándole que era su deber proteger el Evangelio por encima, incluso, del Papado y convertirse en la autoridad máxima a quien recurrir para solventar los conflictos, aunque sin olvidar que “los reyes y los magistrados tienen su poder reducido y limitado sin que pueda llegar hasta la conciencia del hombre… solamente a Dios pertenece dirigirla”. Llegando a proponerle un plan estratégico desarrollado en cuatro puntos esenciales: la declaración de un ínterin inmediato, la presencia real y efectiva en la zona, la celebración de encuentros de paz entre todas las partes y, en definitiva, aceptar la tolerancia religiosa. Y la tercera, dirigida a Casiodoro de Reina, del 24 de diciembre de 1563, en la que alude al proyecto de traducir la Biblia al castellano, proyecto en el que de una u otra forma se hallaban implicados: Francisco de Enzinas y su versión del Nuevo Testamento, Juan Pérez de Pineda, el propio Casiodoro y Cipriano de Valera; en ella, tras manifestar su conocimiento de la obra de Osiander, pide a Reina que le proporcione libros de Gaspar Schwenkfeld y Valentin Krautwald y que le informe sobre Justus Celsius y Giacomo Concio. En último término, hace mención de la figura de Johan Brenz, seguidor de la teología ubiquitaria, que tanto Calvino como el propio Del Corro, criticarán en sus escritos. Esta carta fue utilizada por sus adversarios para ya en Inglaterra recibir una acusación de heterodoxia; en la magnífica introducción que Don Antonio Rivera García rubrica en el presente volumen, destaca sobre este particular lo siguiente: “el protestante de Sevilla defenderá hasta la extenuación que “leer o preguntar sobre alguien no significa estar de acuerdo con sus puntos de vista”(…) y por otro lado, Del Corro pertenece al período inicial del calvinismo, en el que los discípulos de Calvino, los estudiantes de Ginebra y Lausana, afirmaban su derecho a estudiar las obras de la teología radical o católica, aunque desde luego, para atacarlas.” Como consecuencia de este proceso será excomulgado de la iglesia italiana, se le incoará un proceso donde quedará demostrada su ortodoxia y, finalmente, gracias a los apoyos de William Cecil y el Conde de Leicester, ministros de Isabel I, terminará sus días dando clases de teología en Inns of Court y Oxford. Cabe destacar que pertenece a esta última etapa de Del Corro, la obra que cierra este imprescindible volumen, dando así cuenta de toda la producción de la obra de Del Corro: la Exposición de la Obra de Dios; magnífico broche y complemento sistemático de su Confesión de Fe- recogida en la Carta a Felipe II-. En la que, una vez más, volviendo a las enseñanzas de la Palabra, de las que obstinadamente, jamás se apartó, recuerda al Monarca lo que sigue. “(…) no todos los que hacen profesión del Evangelio de Cristo son tan prudentes y bien enseñados como sería de desear…, se dejan llevar algunas veces por la pasión de la venganza y toman las armas para resistir a los que quieren exterminarlos –cosa muy indigna de personas que hacen profesión del Evangelio de Jesucristo-.” 12/04/2007PALABRAS AJENAS QUE HAGO PROPIAS -¡RESISTEN INCLUSO ESTO!-![]() "Podés venderte pero no entregarte" le espeta Federico Luppi (Fernando Robles) a su hijo, acomodado en su mediocre vida en la que ha tenido que renunciar a todos los sueños de su adolescencia, el principal, en su caso: ser escritor; para poder sobrevivir. En la necesaria, al menos para mí, Lugares Comunes(1789), no son las únicas palabras que hago mías, aquí van algunas más: "Me preocupa que tengan siempre presente que enseñar quiere decir mostrar. Mostrar no es adoctrinar, es dar información pero dando también, enseñando también, el método para entender, analizar, razonar y cuestionar esa información. Si alguno de ustedes es un deficiente mental y cree en verdades reveladas, en dogmas religiosos o en doctrinas políticas sería saludable que se dedicara a predicar en un templo o desde una tribuna. Si por desgracia siguen en esto, traten de dejar las supersticiones en el pasillo, antes de entrar al aula. No obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria, eso no sirve. Lo que se impone por la fuerza es rechazado y en poco tiempo se olvida. Ningún chico será mejor persona por saber de memoria el año en que nació Cervantes. Pónganse como meta enseñarles a pensar, que duden, que se hagan preguntas. No los valoren por sus respuestas. Las respuestas no son la verdad, buscan una verdad que siempre será relativa. Las mejores preguntas son las que se vienen repitiendo desde los filósofos griegos. Muchas son ya lugares comunes, pero no pierden vigencia: qué, cómo, dónde, cuándo, por qué. Si en esto admitimos, también, eso de que 'la meta es el camino', como respuesta no nos sirve. Describe la tragedia de la vida, pero no la explica. Hay una misión o un mandato que quiero que cumplan. Es una misión que nadie les ha encomendado, pero que yo espero que ustedes, como maestros, se la impongan a sí mismos: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez. Sin límites. Sin piedad". "El despertar de la lucidez puede no suceder nunca, pero cuando llega, si llega, no hay modo de evitarlo. Y cuando llega, se queda para siempre. Cuando se percibe el absurdo, el sinsentido de la vida, se percibe también que no hay metas y que no hay progreso. Se entiende, aunque no se lo quiera aceptar, que la vida nace con la muerte adosada, que la vida y la muerte no son consecutivas, sino simultáneas e inseparables. Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia." Responsables de estas palabras( guionistas de la película): 12/04/2007 12:21 Autor: samuel izquierdo. Enlace permanente. Tema: apuntes sueltos. Hay 5 comentarios. 07/04/2007LAMENTABLES PALABRAS PROPIAS![]() A tí, fragua inhóspita e imposible De mis aceros, donde las aristas De la ternura sucumben voraces al tedio De otro pecho abierto en canal. Y la escarcha enlutada de las voces, Preludian una indiferencia, apenas esbozada, Pero, finalmente, necesaria y el silencio. Tu enfebrecida mano Posaste sobre venas sonoras E indolentes resacas marinas. Entre los dedos llevas prendida La violácea presión y el eco de una mirada, Que jamás te fue próxima en el inconstante Receso de las espumas Errantes, ni en el nimbado delirio De los perros -parábola o festín de los pasos Que se encuentran-, o en el lento crepitar Metálico -dentelladas con afán de inmortalidad, Mosaico de sirenas invertidas, inmarcesibles perfiles De péndulos en el horizonte- del deshilvanado plexo. El aliento nómada del deseo Juega a esconder cucharas De plata en bolsillos ajenos, mientras el involuntario oteador De revoluciones celestes me reclama. Porque Ni tregua ni perdón ni olvido Habrá entre los dos Y, tarde como siempre, Nos discernirá El fuego y la ceniza. |
samuel izquierdo"Iré a descansar con la cabeza entre dos palabras en el Valle de los avasallados.Moi, je rêve, moi je ne le suis pas."
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